viernes 2 de enero de 2009

Un racimo de lecturas

Uno de los rasgos más sobresalientes del texto digital es el de la hipervinculación. A diferencia de la linealidad del texto impreso en papel, el digital puede representarse como un racimo de vínculos. Según los enlaces que el lector cliquee con su mouse, diferirá el texto que habrá de leer. Detrás de esta nueva materialidad textual subyace una concepción que ve al lector como un sujeto activo que asume y tiene la posibilidad de componer aquello que leerá.
Veinte años antes de que esta nueva forma de lectura/texto se consolidara, existía una colección literaria que marcó mi historia de lector. Se llamaba Elige tu propia aventura y era editada por Atlántida. Eran textos policiales, de ciencia-ficción, de aventuras o misterio para niños y preadolescentes. Su particularidad consistía en que no debía leerse de la página inicial a la última. A medida que avanzaba en la lectura, el lector/protagonista debía elegir la acción que llevaría a cabo a continuación. Esto hacía que la lectura pasara de la página diez a la quince o cien, por ejemplo. Todo dependía del camino por el cual lo llevaran sus decisiones.
Conocí esta colección a los siete u ocho años. Juan Manuel, un amigo de la escuela, me prestó los primeros títulos que leí: Al Sahara en globo, Viaje bajo el mar, Tu nombre en clave es Jonás. Recuerdo que me volví tan fanático que hasta los diez u once años prácticamente era lo único que leía. Además me motivó a escribir "al estilo de", pastiches que luego hacía circular en mi grupo de amigos. Inclusive, cuando me cambié de escuela, le transmití a otro amigo, Alejandro, el gusto por estos textos.
Años más tarde, ya como profesor de lengua y literatura de un séptimo de la ex EGB 3, decidí leer un título diferente de la colección, al inicio de la clase. El resultado fue bastante gratificante. Los alumnos no solo terminaron animándose a participar como lectores en una experiencia de lectura colectiva, sino que algunos se llevaban a sus casas los títulos de la colección que había en la biblioteca.
Para finalizar, arriesgo la siguiente analogía: así como podemos encontrar hipervínculos entre textos diferentes, también podemos encontrarnos con hiperlectores; o sea, lectores que se conforman como tal a partir de otros lectores. Seguramente, no sabremos nunca quién fue el primer lector de la historia. Pero sí sabemos que, en tanto lectores, somos parte integrante de un racimo admirable. Que seamos la prolongación de un tallo o el inicio de una bifurcación depende de nosotros.