Hace unos días empecé a releer la primera parte de El Quijote, en la edición que Eudeba reeditó en el 2005 con motivo del IV Centenario de la publicación de la maravillosa obra de Cervantes. Anteriormente, lo había leído, por primera vez en forma completa, para la materia "Literatura española II", mientras estudiaba para ser profesor de castellano, literatura y latín. En esa oportunidad había utilizado la edición de bolsillo de la Colección "Austral".
Si mal no recuerdo, la primera vez que tuve conocimiento de El Quijote fue a la edad de siete u ocho años cuando me regalaron una versión infantil adaptada a historieta. Una de las experiencias más vívidas que tengo de aquella primera lectura fue la impresión que me provocaba el modo como está compuesta la historieta. Sus viñetas son una combinación de fotografías que usualmente sirven de fondo para las ilustraciones de los personajes. El interrogante que me generaba el verlas consistía en saber cómo había hecho el dibujante para delinear y dibujar los personajes sobre una foto. Seguramente, mi mentalidad de chico no era capaz de entender que se trataba de un montaje, de un trabajo de armado, composición y edición. Quizá hoy un niño no sea invadido por la perplejidad que me generaba a mí. Les resulta familiar pegar una foto en la pantalla de una computadora, editarla, agregarle texto y todas las demás operaciones que posibilitan las nuevas tecnologías. Pero veinticuatro o veinticinco años atrás, esta posibilidad no estaba en las mentes de muchas personas. Menos en la de un niño.
Otro de los recuerdos que tengo de aquella lectura es una escena en la cual Don Quijote, luego de ser apedreado por unos pastores a causa de los equívocos en los cuales les hacía caer su locura, le vomita en la cara a Sancho cuando este se acerca a ver como estaba. El acto siguiente consiste en una olorosa y pestilente respuesta de Sancho, en forma de vómito, inevitablemente.
También recuerdo la escena en la cual Rocinante descubre a una manada de yeguas y entonces se acerca "haciéndose" el galán. El dibujo de la viñeta lo muestra con el hocico abierto, los ojos fijos en las yeguas y con cuatro corazones dibujados alrededor de él. La consecuencia de su "galanteo" termina siendo, como no podía ocurrir de otro modo, una tremenda paliza de los cuidadores de las yeguas, quienes no satisfechos además apalean a Don Quijote y a Sancho.
Aún conservo la versión adaptada de El Quijote. La tengo sobre el escritorio de la computadora, en este mismo momento en el cual estoy redactando esta entrada. A decir verdad, es el primer "tomito" de una serie de tres.
Lo tomo entre mis manos . Observo su tapa: aparecen Sancho y Don Quijote montando en Rocinante y el Rucio, y de fondo uno de esos molinos de viento típicos de la meseta castellana. En este instante, paso a observar la contratapa. Hay una breve biografía de Cervantes acompañada de una ilustración de él. Abajo aparece escrito con birome azul "Fer". (¿Cuándo mi hermana habrá escrito las primeras letras de su nombre? No lo sé, pero la letra no es de niño. Más bien parece de adolescente.)
Ahora abro el libro. Me encuentro con una nota de los co-autores dirigida "A todos los niños" donde nos aclaran que el libro que tenemos en nuestras manos no es de aventuras. "Es un libro de maravillosas "desventuras"." Paso la hoja y la primera viñeta es una foto de un poblado, y en su cartela leo: "En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme..." En la segunda viñeta, un Don Quijote ilustrado se muestra pensativo al caminar por una galería interna de su casa, mientras la cartela nos da un retrato de él: "...un hidalgo caballero de los de lanza en astillero...".
En este momento paso a la página ocho ocupada por una sola viñeta, compuesta por una foto donde aparece abierta una de las hojas de la puerta falsa del corral de Don Quijote, quien montado en Rocinante y protegido con su armadura, la lanza en la mano derecha y la rodela, en la izquierda, sale al campo en defensa de los desvalidos y de los débiles, a deshacer entuertos y así cubrir su nombre de fama y honra como ofrenda a su amada, la sin par Dulcinea.
Podría mencionar otras escenas que recuerdo de aquella primera experiencia con el texto de Cervantes. Pero los ejemplos citados creo que son suficiente para ilustrar mi primer contacto con El Quijote, para evocar esa mirada ingenua inevitable con la que cualquier niño aborda sus primeras lecturas. Si la literatura, en el fondo, puede concebirse como un juego cuya regla fundamental sea pensar que lo que estamos leyendo ha ocurrido de verdad, en nuestro mundo o en uno paralelo al nuestro, pienso que la lectura ingenua que un niño inevitablemente haga de cualquier obra, incluso las más geniales, no puede ser considerada más que el punto de partida imprescindible de todo futuro gran lector.
Para concluir, dejo una presentación en power point compuesta a partir de un poema que escribí en conmemoración del hidalgo de La Mancha. Las ilustraciones están extraídas de mi primer Quijote. Mientras tanto, yo aprovecho y me voy a continuar leyendo El Quijote (en la versión adaptada, se sobreentiende, ¿No?).
P. D. : Para quien quiera oír una versión del texto de Cervantes, puede cliquear el enlace de la penúltima línea de esta entrada.
Si mal no recuerdo, la primera vez que tuve conocimiento de El Quijote fue a la edad de siete u ocho años cuando me regalaron una versión infantil adaptada a historieta. Una de las experiencias más vívidas que tengo de aquella primera lectura fue la impresión que me provocaba el modo como está compuesta la historieta. Sus viñetas son una combinación de fotografías que usualmente sirven de fondo para las ilustraciones de los personajes. El interrogante que me generaba el verlas consistía en saber cómo había hecho el dibujante para delinear y dibujar los personajes sobre una foto. Seguramente, mi mentalidad de chico no era capaz de entender que se trataba de un montaje, de un trabajo de armado, composición y edición. Quizá hoy un niño no sea invadido por la perplejidad que me generaba a mí. Les resulta familiar pegar una foto en la pantalla de una computadora, editarla, agregarle texto y todas las demás operaciones que posibilitan las nuevas tecnologías. Pero veinticuatro o veinticinco años atrás, esta posibilidad no estaba en las mentes de muchas personas. Menos en la de un niño.
Otro de los recuerdos que tengo de aquella lectura es una escena en la cual Don Quijote, luego de ser apedreado por unos pastores a causa de los equívocos en los cuales les hacía caer su locura, le vomita en la cara a Sancho cuando este se acerca a ver como estaba. El acto siguiente consiste en una olorosa y pestilente respuesta de Sancho, en forma de vómito, inevitablemente.
También recuerdo la escena en la cual Rocinante descubre a una manada de yeguas y entonces se acerca "haciéndose" el galán. El dibujo de la viñeta lo muestra con el hocico abierto, los ojos fijos en las yeguas y con cuatro corazones dibujados alrededor de él. La consecuencia de su "galanteo" termina siendo, como no podía ocurrir de otro modo, una tremenda paliza de los cuidadores de las yeguas, quienes no satisfechos además apalean a Don Quijote y a Sancho.
Aún conservo la versión adaptada de El Quijote. La tengo sobre el escritorio de la computadora, en este mismo momento en el cual estoy redactando esta entrada. A decir verdad, es el primer "tomito" de una serie de tres.
Lo tomo entre mis manos . Observo su tapa: aparecen Sancho y Don Quijote montando en Rocinante y el Rucio, y de fondo uno de esos molinos de viento típicos de la meseta castellana. En este instante, paso a observar la contratapa. Hay una breve biografía de Cervantes acompañada de una ilustración de él. Abajo aparece escrito con birome azul "Fer". (¿Cuándo mi hermana habrá escrito las primeras letras de su nombre? No lo sé, pero la letra no es de niño. Más bien parece de adolescente.)
Ahora abro el libro. Me encuentro con una nota de los co-autores dirigida "A todos los niños" donde nos aclaran que el libro que tenemos en nuestras manos no es de aventuras. "Es un libro de maravillosas "desventuras"." Paso la hoja y la primera viñeta es una foto de un poblado, y en su cartela leo: "En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme..." En la segunda viñeta, un Don Quijote ilustrado se muestra pensativo al caminar por una galería interna de su casa, mientras la cartela nos da un retrato de él: "...un hidalgo caballero de los de lanza en astillero...".
En este momento paso a la página ocho ocupada por una sola viñeta, compuesta por una foto donde aparece abierta una de las hojas de la puerta falsa del corral de Don Quijote, quien montado en Rocinante y protegido con su armadura, la lanza en la mano derecha y la rodela, en la izquierda, sale al campo en defensa de los desvalidos y de los débiles, a deshacer entuertos y así cubrir su nombre de fama y honra como ofrenda a su amada, la sin par Dulcinea.
Podría mencionar otras escenas que recuerdo de aquella primera experiencia con el texto de Cervantes. Pero los ejemplos citados creo que son suficiente para ilustrar mi primer contacto con El Quijote, para evocar esa mirada ingenua inevitable con la que cualquier niño aborda sus primeras lecturas. Si la literatura, en el fondo, puede concebirse como un juego cuya regla fundamental sea pensar que lo que estamos leyendo ha ocurrido de verdad, en nuestro mundo o en uno paralelo al nuestro, pienso que la lectura ingenua que un niño inevitablemente haga de cualquier obra, incluso las más geniales, no puede ser considerada más que el punto de partida imprescindible de todo futuro gran lector.
Para concluir, dejo una presentación en power point compuesta a partir de un poema que escribí en conmemoración del hidalgo de La Mancha. Las ilustraciones están extraídas de mi primer Quijote. Mientras tanto, yo aprovecho y me voy a continuar leyendo El Quijote (en la versión adaptada, se sobreentiende, ¿No?).
P. D. : Para quien quiera oír una versión del texto de Cervantes, puede cliquear el enlace de la penúltima línea de esta entrada.
1 comentarios:
Qué lindo comentario del Quijote,muy bueno el video.Para mí a pesar de sus desventuras , Don Quijote es un gran héroe que logra recrear la vida de un ser imaginativo e ingenuo y tantas historias de otros seres que hacen vivir la literatura.
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