Borges es una especie de Homero argentino, no sólo porque era ciego, sino porque sabía retomar argumentos, temas, relatos y mitos antiguos y modernos, a partir de los cuales construía sus propios relatos. Pero también, Borges fue un antólogo. Es famosa su Antología de la literatura fantástica, en colaboración con Bioy Casares. En esa recopilación hay un texto tomado de la tradición china, La sentencia. Texto breve, posee una intensidad y tensión atrapante, a lo que se suma el elemento fantástico. Pero además, el gran acierto es callar más de lo que dice, lo cual deja al lector la posibilidad de reinterpretaciones sin fin.
A partir de una consigna dada en un curso que estoy realizando en forma virtual (Introducción a la lectura y escritura de narraciones ficcionales, dictado por Educ.ar) he realizado una re-escritura del texto. Para ello, he utilizado una interpretación del relato que había realizado cuando cursaba el profesorado, en el instituto "Joaquín V. González". Así, he pensado que el dragón que se le aparece en sueños al emperador es el mismo emperador y en definitiva, la sentencia a la cual alude el texto es contra el monarca, quien correría peligro de ser traicionado por su ministro. Hay que tener en cuenta que en China, el dragón era un emblema de la monarquía y símbolo de toda grandeza. De tal modo, podría interpretarse que lo que aparece en el sueño del emperador (y en el de su ministro, Wei Cheng) son los deseos del ministro y los temores del emperador de ser asesinado y destronado. Tampoco hay que olvidar que en China la religiosidad popular subraya la importancia de los sueños como vehículo de comunicación de las advertencias y mensajes del mundo espiritual, y que los fenómenos celestes y terrestres, los signos visibles del cambio cósmico se reflejan en el individuo en los sueños (en Brandon, S.; Diccionario de religiones comparadas, Madrid, Ed. Cristiandad, 1970).
A continuación, entonces, transcribo la re-escritura (El fragmento mío va en cursiva):
Aquella noche, en la hora de la rata, el emperador soñó que había salido de su palacio y que en la oscuridad caminaba por el jardín, bajo los árboles en flor. Algo se arrodilló a sus pies y le pidió amparo. El emperador accedió, el suplicante dijo que era un dragón y que los astros le habían revelado que al día siguiente, antes de la caída de la noche, Wei Cheng, ministro del emperador, le cortaría la cabeza. En el sueño, el emperador juró protegerlo.
Al despertarse, el emperador preguntó por Wei Cheng. Le dijeron que no estaba en el palacio, el emperador lo mandó buscar, pero la búsqueda fue infructuosa. Desalentado, el emperador volvió a su habitación. Pensaba que quizá el dragón volvería a hacerse presente en sus sueños. Le costó dormirse: una sensación desagradable e imprecisa lo molestaba.
Finalmente el dragón se le apareció de nuevo. Y le dijo:
- Sé que hiciste lo posible por salvarme...
El emperador notó que el dragón ya no poseía cinco garras, sino una menos. Un ligero temblor se adueñó de él.
- Lamentablemente -continuó el dragón- ahora será difícil ayudarte a ti.
En ese preciso momento, un ruido de jarrones rotos y una puerta abriéndose lo despertó. Ya conocedor de su destino y sin fatalidad, distinguió, en la penumbra de la habitación, a su ministro Wei Cheng acompañado de cinco guardias bien armados. Afuera, comenzaba a anochecer.